Lo que de verdad importa

Lo que de verdad importa en la vida

Se me quedó grabado hace tiempo  cuando lo leí por primera vez: Las personas vivimos como si fuéramos inmortales. A partir de ahí no he dejado de verlo escrito en todas partes.

Algunos que me conocéis bien, sabéis que por fin, desde hace algún tiempo, he dejado de hacer tantas listas, miles de planes o posponer lo mejor a mañana para vivir más el hoy.

Será por aquella frase o por las cosas difíciles que han sucedido en los últimos meses, pero quiero recordaros a todos lo de siempre, lo que de verdad importa. Puede que me volváis a llamar pesada y que Tú vuelvas a decirme - tan irónicamente - que yo vivo "demasiado happy".

Sigo pensando que pronto olvidáis esas pequeñas cosas. Dejad de lamentamos por las cosas vanas, hay que valorar cuando y cuanto se tiene, y no cuando se ha perdido. Para ver cambios hay que poner soluciones y no quejas, lo único que vale la pena es la familia, el amor y la salud. Hay que huir de la gente tóxica. El dinero que se suda vale más, y “el otro”, pudre a muchas personas. Lo verdaderamente importante es como vosotros os sintáis y no lo que la gente piense.

Como dice la canción "Lo que importa son los besos... besos", que además son gratis, ¡coño! De verdad que no lo entiendo...  algunos seguís pegandoos totes contra la misma pared.

No encontraba las palabras para explicarlo al mundo una vez más, pero casualidades de la vida, ayer llegó a mis manos este post que no quería dejar pasar,  ni dejar de compartir con vosotros, para deciros una vez más que:

"La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno, que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. Vivimos inmersos en una ignorancia que nos hace débiles y solo lamentamos lo ocurrido cuando ya es demasiado tarde.

Y es que tenemos la mala costumbre de dejar para luego lo de reír un poco y de querer hacerlo todo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras; luego te llamo, luego te escribo, luego te cuento, luego nos vemos…

Tenemos la mala costumbre de querer tarde, de valorar muy tarde. Y de pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido.

Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar o incluso maltratar al bueno. De contar mentiras "tra la rá" y de tener que hacer un máster para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida amigos porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos y gente que realmente no nos llenan. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir No y de creernos mejores por decir Sí.

Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, un beso de buenos días, un abrazo, cada mañana que te levantas de la cama y cada oportunidad. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana.

 

Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro, porque claro tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria.

Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “Buf que va, no vaya a ser que se asuste...” ¿Asustarse de qué? ¿De que te quieran?

Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.

Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.

Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.

Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.

Asústate cuando seas incapaz de enamorarte.

Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.

Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.

Asústate de verdad, porque créeme: estás muerto.

Y es que tenemos la mala costumbre de trabajar demasiado... De bailar poco, fumar mucho y respirar a medias…

De dar consejos y juicios de valor sin ser conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras. Dejamos demasiado pronto y tenemos muy poca paciencia. Tenemos la mala costumbre de creernos que lo sabemos todo cuando realmente, no tenemos idea de nada.

Whatsappeamos mucho, discutimos demasiado y follamos poco.  Nos pasamos media vida o vida entera, soñando esa vida perfecta que nos gustaría tener y nunca llega, cuando somos ajenos a que realmente LA VIDA PERFECTA ES AHORA . Es cada momento, cada instante de los segundos que marca el reloj de tus días. Es cada día, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te acarician.

No pongas barreras, límites, ni normas a tu corazón, y deja los prejuicios para aquellos que llevan el cartel de cobarde escrito en tinta permanente y que ni con disolvente se va.

Empieza a acostumbrarte a esta vida que a veces es terriblemente dura. A veces puede ser demasiado tarde, así que no te lamentes ni te vayas nunca a la cama habiendo hecho daño a alguien o no habiendo amado lo suficiente, habiendo dejado para luego esos ahoras que nunca llegaron, no habiendo cumplido ese sueño que tanto querías, no habiendo hecho unos kilómetros de más porque tu cuerpo estaba cansado... No permitas que alguien fallezca para luego recordarlo y decirle mirando su foto, cuánto le querías..."

 

En definitiva: no dejes que la rutina o la sensación de eternidad descuide lo que de verdad importa de tu vida.

Besitos, Amelia

Texto citado: elrincondefloricienta 

 
 
 

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